Silenciada, bajo el sopor reverberante de un calor pertinaz y el olvido de los medios, conformados tristemente con un debate político que ha asesinado al resto del país verdadero, Guatire, que no sólo un rumor a 20 minutos de la capital, se alza sobre las ruinas de una nación que estalla en horario estelar de noticiero de televisión. No es sencillamente el "valle del pop"; como quizás terminará siendo recordada; la Villa Heróica, como fue bautizada por su valiente participación en la Guerra Federal, es hoy un territorio vital de la otra Venezuela que crece y avanza a pesar del gobierno y de la oposición.Por:
Marlon Zambrano
Mientras nuestros dirigentes se debaten en los discursos hirientes, la tierra de Vicente Emilio Sojo vuelca su atención a la necesidad de responder con veracidad una pregunta existencial: ¿desde cuándo estamos?, y se crean grupos de investigación para conocer la misteriosa fecha del nacimiento de esta antigua comarca que una vez conoció la fama de la mano de sus productores de tabaco y caña.
Mientras unos y otros se catalogan de impostores y chapuceros, se desata en el antiguo valle de los indios chagaragotos un furor editorial casi frenético y aparecen revistas, periódicos, libros e iniciativas por el estilo de gran calidad, mientras el espacio virtual comienza a coparse con direcciones como guatire.com, guatire.net, las2ciudades.com, miranda.com.ve, compitiendo en el vasto escenario global a partir de las referencias locales.
En medio de las consignas, resuena como un murmullo que comienza a crecer la preocupación cada vez más general de la población en torno al impacto del crecimiento urbano, sus efectos sobre las tradiciones y la identidad; y esa gente, pueblo llano, intelectuales, artistas, profesionales, amas de casa, comienza a juntarse en torno a un discurso alternativo, desechando la tirantez generada por quienes administran a su antojo la opinión pública.
Guatire, apasionada, la de los músicos geniales como el Padre Sojo, artífice del milagro que dio origen a la Escuela de Chacao; la de las nuevas generaciones como la menuda María José León, que puso a bailar con su flauta a Jiang Zemin en el Teresa Carreño. La de los atletas que sobresalen en la selección nacional de voleibol como Juan Carlos Blanco y Andy Rojas; o las pequeñas María Fernanda Lara y Catherine Cortez, campeonas panamericanas de Gimnasia Rítmica.
Pero Guatire, la lejana residencia de miles de caraqueños que huyeron de la anarquía citadina, es también la de las cosas raras: una de las pocas ciudades del país sin una Plaza Bolívar; sin límites territoriales precisos con su vecina Guarenas; la que no aceptó que Minfra intentara cambiarle el nombre por el de Ciudad Fajardo; la que no permitió que una humilde estatua pedestre del Libertador adquirida hace 70 años tras una colecta pública y en oposición al tirano Gómez, fuera sustituida por una inmensa efigie ecuestre del Padre de la Patria; la única región del país con un San Juan que se ejecuta con tambor redoblante, y su Parranda de San Pedro; la de la batalla de El Rodeo en 1821 que catapultó el triunfo en Carabobo; y su canción Oligarcas Temblad, nacida en estas tierras en el fragor de la guerra, a donde llegó un buen día Anna Pavlova, la más grande bailarina, e intentó en vano aprender joropo.
Guatire, la que como cualquier otro reducto vivo de esta tierra equinoccial, destaca por sus "pequeñas revoluciones sin importancia" que nos engrandecen, por encima de los que manipulan el poder y la verdad.
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