Desde que nací en Caracas el 28 de junio de 1954, he sido una militante de la felicidad. Mis padres, Tony Quintero y Ana Carlota Montiel de Quintero, se morían porque yo naciera y toda la vida me quisieron y consintieron, a pesar de ser la hija del medio, pues Cristóbal y Susana son mayores que yo e Inés y Antonio menores. Jamás podré contar una de esas historias dramáticas de que sólo comía pan con queso y rejo tieso o que me enviaban a la calle a vender velitas para los santos. Como toda una niña bien y privilegiada, estudié en el San José de Tarbes desde kinder hasta quinto año de humanidades. Fui una buena alumna, con algunas imperfecciones disciplinarias, pero con buenas notas. Me dieron mi diploma de tarbesiana ejemplar en 1972 y aún me sé completito el himno del colegio.













